CONVERSA
«La conversación es una actividad comunicativa oral en la que dos o más hablantes se alternan los papeles de emisor y receptor y negocian el sentido de los enunciados. Conversar implica interaccionar tanto verbal como no verbalmente (con gestos, miradas, etc.), si bien hay conversaciones en que no intervienen elementos no verbales (como en la conversación telefónica o algunos intercambios en internet, por ejemplo). El turno conversacional o turno de habla se considera la unidad básica de la conversación. Desde un punto de vista formal, la conversación se caracteriza precisamente por la alternancia de varios turnos, es decir, por la sucesión de intervenciones a cargo de diferentes interlocutores».[1]
El apóstol Santiago escribió: «Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, pero no apresurarse para hablar ni para enojarse» (Santiago 1:19 NVI).
Notemos que conversar implica:
- escuchar,
- administrar los tiempos,
- hablar,
- reaccionar.
Una de las pruebas de que una persona ha nacido de nuevo se manifiesta en sus conversaciones. Se asocia la frase «Habla, para que yo te conozca» al filósofo griego Sócrates. Nada es tan revelador como una conversación.
«Compórtense con sabiduría ante los que no tienen fe, utilizando su tiempo de la mejor manera posible. Sean siempre amables e inteligentes al hablar, así tendrán una buena respuesta para cada pregunta que les hagan» (Colosenses 4:5-6 PDT).
«La gente chismosa todo lo cuenta; la gente confiable sabe callar» (Proverbios 11:13 TLA).
Véase el contraste:
- gente chismosa,
- gente confiable.
La Biblia nos anima a conversar, a hablar
«Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad. En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia» (Efesios 4:14-15 NTV).
Dios concede gran importancia a las conversaciones
Si las conversaciones no fueran importantes, no existirían tantos textos bíblicos acerca del hablar, del escuchar, de las correctas relaciones, y de las actitudes y pensamientos que han de definir a las personas temerosas de Dios. El mismo Jesús advirtió: «Todo lo que hayan dicho en la oscuridad se oirá a plena luz, y todo lo que hayan susurrado a puerta cerrada, ¡se gritará desde los techos para que todo el mundo lo oiga!» (Lucas 12.3).
La gente más avergonzada será la que haya practicado la «puerta cerrada».
Es curioso que uno pueda practicar la puerta cerrada para hacer el mal, o para practicar el bien por medio de la oración. «Pero tú cuando ores, entra a tu cuarto, cierra la puerta y habla con tu Padre. Así recibirás recompensa de tu Padre, porque él ve todo lo que se hace en secreto» (Mateo 6:6 PDT).
Consejos acerca de las conversaciones
1. Implementa el hábito de la conversación
Algunas personas no hablan ni bajo amenaza; otras, por el contrario, no callan nunca. Las primeras deben aprender a hablar; las segundas, a callar. Pedir ayuda, por ejemplo, es capital para no acabar mal. Pero al que no le gusta hablar, ¿cómo va a pedir ayuda? Tal vez lo haga cuando ya se encuentre con el agua al cuello.
La conversación es imprescindible en toda relación, y buena fuente de salud mental y emocional cuando las palabras que se emiten y se admiten son sabias. En Proverbios 13:3 DHH leemos: «Cuidar las palabras es cuidarse uno mismo; el que habla mucho se arruina solo».
Aprender a callar o hablar sabiamente, es también un hábito para implementar, porque… «Hasta el tonto pasa por sabio si se calla y mantiene la calma» (Proverbios 17:28 TLA).
2. Implementa el hábito de la buena conversación
No toda conversación aporta edificación. Nada debería ser más intencional que una conversación. Para evitar el mal, cada palabra debe ser pensada. No estoy obligado a decir lo que pienso, pero sí a pensar lo que digo.
El apóstol Pablo decía: «“Todo está permitido” —dicen algunos—. Sí, pero no todo es conveniente. Y aunque “todo esté permitido”, no todo ayuda al provecho espiritual de los demás» (1 Corintios 10:23 BLP).
Las Escrituras añaden:
«La palabra amable es árbol de vida; la palabra perversa destruye el espíritu» (Proverbios 15:4 PDT).
«En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente» (Proverbios 10:19 RVR1960).
«No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan» (Efesios 4:29 NTV).
«No digan malas palabras, sino palabras que ayuden y animen a los demás, para que lo que hablen le haga bien a quien los escuche» (Efesios 4:29 PDT).
«La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego» (Proverbios 15:1 CST).
En una buena conversación hallamos consuelo, apoyo, dirección, protección… las buenas conversaciones son imprescindibles.
Jesús empleó el método de la conversación para aportar restauración. Veámoslo a continuación.
Cómo corregir a otro creyente
«Si un creyente peca contra ti, háblale en privado y hazle ver su falta. Si te escucha y confiesa el pecado, has recuperado a esa persona; pero si no te hace caso, toma a uno o dos más contigo y vuelve a hablarle, para que los dos o tres testigos puedan confirmar todo lo que digas. Si aun así la persona se niega a escuchar, lleva el caso ante la iglesia. Luego, si la persona no acepta la decisión de la iglesia, trata a esa persona como a un pagano…» (Mateo 18:15-17 NTV).
a) Con la primera instrucción proteges la reputación de la persona que ha cometido la falta.
b) Con la segunda instrucción proteges tu reputación.
c) Con la tercera instrucción proteges la reputación de la iglesia.
Pero en todo se precisa conversación.
3. Implementa el hábito de la mejor conversación (la oración)
Si Jesús expresó: «cuando ores…» (Mateo 6:6), es porque daba por hecho que sus hijos practicarían la oración. La correcta oración es la mejor conversación y la mayor fuente de gracia del cristiano. Por medio de ella encuentra consuelo, poder, dirección, entendimiento, etc.
«Los planes fracasan cuando no se consultan, pero tienen éxito cuando se pide consejo a los que saben» (Proverbios 15:22 PDT).
El mayor sabio es Dios, bienaventurados los que acuden a él en busca de consejo.
[1] Tomado del Sitio Web: https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/conversacion.htm
Foto de Priscilla Du Preez ?? en Unsplash
