En nuestra entrada al Blog de este mes, deseo recomendar un libro que resultará de gran utilidad al lector curioso, inconformista y sabedor de su necesidad de aprendizaje.

El libro en cuestión lleva por título El ego es el enemigo, del escritor Ryan Holiday, empresario estadounidense y autor de varios libros más. Para conocer al autor y sus publicaciones, te dejo el siguiente enlace.

A continuación, destacaremos algunas frases de esta interesante obra, El ego es el enemigo.

«Humildes en las aspiraciones. Benévolos en el éxito. Resilientes en el fracaso».

«La arrogancia y el egocentrismo inhiben el crecimiento».

«Las apariencias son engañosas. Tener autoridad no es lo mismo que ser una autoridad. Tener derecho y estar en lo cierto tampoco son lo mismo. Recibir un ascenso no significa necesariamente que esté trabajando bien y no significa que usted se merezca una promoción (es lo que, en burocracia, se llama caer parado). Impresionar a la gente es totalmente distinto de ser verdaderamente impresionante».

«Todos debemos convertirnos en nuestros propios maestros, tutores y críticos».

«El arte de saber recibir retroalimentación es una capacidad esencial en la vida, en particular si se trata de críticas duras. No solo necesitamos saber aceptar esas críticas, sino que debemos pedirlas activamente, esforzarnos por buscar las críticas negativas precisamente cuando nuestros amigos y familiares, y nuestro cerebro, nos dicen que lo estamos haciendo muy bien. Sin embargo, el ego trata de evitar esas críticas a toda costa».

«El ego piensa que ya sabe cómo hacer las cosas y quiénes somos, es decir, cree que somos espectaculares, perfectos, genios realmente innovadores. Al ego le disgusta la realidad y prefiere hacer sus propias evaluaciones».

«El ego tampoco permite que tengamos un proceso de incubación apropiado. Llegar a ser lo que queremos llegar a ser suele requerir largos períodos de oscuridad, de sentarse a luchar con algún tópico o paradoja. La humildad es lo que nos mantiene ahí, preocupados por no saber suficiente y conscientes de que debemos seguir estudiando. El ego se apresura a llegar al final, piensa que la paciencia es para los perdedores (pues la considera, equivocadamente, una debilidad) y supone que somos suficientemente buenos para demostrarle nuestro talento al mundo».

«El ego es el enemigo pues no ofrece una retroalimentación perversa, desconectada de la realidad. Es defensiva, en un momento en que no podemos darnos el lujo de ser defensivos. Nos impide mejorar diciéndonos que no necesitamos mejorar. Luego nos preguntamos por qué no obtuvimos los resultados que queríamos, por qué otros son mejores y por qué su éxito es más duradero».

«Las personas necesitamos propósito y realismo para ascender. El propósito, se podría decir, es como la pasión, pero con límites. El realismo es tener distancia y perspectiva».

«El orgullo debilita precisamente el instrumento que necesitamos para tener éxito: la mente. La capacidad para aprender, para adaptarnos, para ser flexibles, para construir relaciones, todo esto es opacado por el orgullo. Lo más peligroso es que esto tiende a suceder muy temprano en la vida o en el proceso de madurar, cuando estamos llenos de la vanidad del principiante».