Una especie de impunidad
En la segunda carta del Apóstol Pablo a la iglesia de Tesalónica, leemos: «Cuando estábamos con ustedes, les decíamos que quien no quiera trabajar tampoco tiene derecho a comer» (3:10 TLA).
El sabio Pablo describe aquí un acto y sus consecuencias. Los vagos no deben ser premiados. Si la pereza es una irresponsabilidad, y sí lo es, no se debe recompensar con la comida. El acento no está tanto en el castigo: privar a alguien de sus alimentos, sino en el principio de la responsabilidad.
Pablo crítica duramente a quienes tratan de vivir a costa de los demás, sin apenas dar golpe. Arremete seriamente contra los ociosos y los exhorta a trabajar en pos de la justicia.
Cuando se premia al sinvergüenza o no se le castiga como conviene, se crea un sentimiento de impunidad («hazlo, que no pasará nada»). Se forman dos realidades: la de quienes trabajan como burros y apenas obtienen beneficio de su esfuerzo, y la de quienes apenas se esfuerzan y disfrutan tanto como los que trabajan sin descanso.
Descripción
El adjetivo impune significa «sin castigo». La palabra impunidad procede del latín impunitas. Se habla de impunidad cuando alguien no recibe el castigo que merecen sus actos.
Injusticia
Cuando una sociedad percibe la impunidad, entra en desánimo o se produce un sentimiento de injusticia que provoca rebeldía y frustración. Dejaron de trabajar para vivir y ahora viven para trabajar.
La doble vara de medir es una grave injusticia que destruye la calma interior y socava la paz de la nación.
Una especie de «impunidad» se da en muchos ámbitos de la vida, como en los equipos, cuando unos trabajan el doble que otros y, al final, todos reciben el mismo premio. El favoritismo, las leyes mal concebidas, la estupidez de lo «políticamente correcto», el «buenismo» (muy diferente al bien), favorecen la impunidad, la cual representa una verdadera afrenta a la justicia.
Responsabilidad
Todos deberíamos desarrollar el sentido de responsabilidad ante nuestras familias, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra comunidad y, sobre todo, ante Dios, quien al término de los días será quien nos juzgue.
Tal vez hoy muchos salgan impunes, pero al final todos daremos cuentas a Dios por lo que hayamos hecho en la tierra. Como también enseña el apóstol Pablo: «No se engañen a sí mismos; nadie puede engañar a Dios; uno siempre recogerá lo que haya sembrado». Gálatas 6:7 NBV.
También nos enseñan las Escrituras a no honrar a quien no se lo merece. «Como la nieve no es para el verano ni la lluvia para la cosecha, tampoco el honor es para los necios». Proverbios 26:1 NTV.
Para concluir, quiero compartir contigo esta definición de impunidad que recojo de la página de Wikipedia y me ha parecido muy interesante.
«El término impunidad refiere a una excepción de castigo o escape de la sanción que implica una falta o delito. En el derecho internacional de los derechos humanos, se refiere a la imposibilidad de llevar a los violadores de los derechos humanos ante la justicia y, como tal, constituye en sí misma una negación a sus víctimas de su derecho a ser reparadas. La impunidad es especialmente común en países que carecen de una tradición del imperio de la ley, sufren corrupción política o tienen arraigados sistemas de mecenazgo político, o donde el poder judicial es débil o las fuerzas de seguridad están protegidas por jurisdicciones especiales o inmunidades». [1]
