Rodeado estaba de regalos. Los latidos del corazón. El soplo del viento en su rostro. El abrazo del amigo. El valor de las pequeñas cosas. La calidez del hogar.
Rodeado estaba de regalos. Su capacidad de razonar y de sentir. Sus lágrimas y risas. Los sonidos y el silencio. Hablar y escuchar.
Rodeado estaba de regalos. Los cielos estrellados. Los asombrosos mares. Las tormentas que intimidan.
Rodeado estaba de regalos… ¡y el egoísmo lo cegó!
Dejando de apreciar los dones, estando vivo, ¡murió!
