Mediocridad
Mediocre: De calidad media, tirando a mala. Persona no capacitada para la actividad que realiza.
En ocasiones, encontramos algo que nos alerta o asusta, por ello, tomamos las debidas precauciones. Podría tratarse de una mancha claramente visible en nuestro traje justo antes de impartir una conferencia; un neumático bajo de presión momentos antes de iniciar un largo viaje; un bicho en la comida o indicios de alimentos en mal estado. Tal vez se trate de un conductor fuera de control o un tipo con una conducta impredecible. Todo esto nos lleva a estar alerta y, si conviene, detenernos o evitar adquirir un determinado producto.
Hay algo que nos debería llamar la atención y guiarnos a la prevención: la presencia de algún rasgo de mediocridad en quien tenemos puesta nuestra mirada para un futuro cargo o lugar de responsabilidad. Conviene fijarse bien en el candidato, poniendo especial atención en conductas o rasgos que impliquen un posible riesgo, como quien desea adquirir un alimento, pero percibe señales de contaminación o mal estado.
Quien no piensa al delegar, sufrirá por no pensar
La mediocridad es peligrosa. Delegar responsabilidad en alguien que manifiesta tal actitud es semejante a construir una casa sobre inestables arenas.
A la mínima manifestación de mediocridad o de ausencia de excelencia convendría detenerse y meditar en la futura toma de decisiones.
Impuntualidad constante; palabras subidas de tono; dificultad para relacionarse con otras personas, trabajar en equipo o establecer comunidad; arrogancia; falta de empatía.
La mediocridad tiene muchos apellidos. Seamos sabios y prudentes a la hora de escoger qué personas seleccionar para ocupar cargos de responsabilidad. Se trata de escoger a las personas que sean íntegras, que sepan trabajar en equipo y, lo que es más importante, construir una buena comunidad.
Quien no elige bien el candidato a un cargo, sufrirá una terrible carga.
Foto de Guido Coppa en Unsplash
